Doha, la ciudad en construcción

Aprovechando la escala de nada más y nada menos 13 horas que hicimos en Doha con la compañía Qatar Airways (en nuestro viaje a Bangkok) decidimos  bajar a ver la ciudad.  Algo acertado puesto que el aeropuerto de esta ciudad, pese al ingente volumen aéreo que soporta, es bastante inhóspito e incómodo para escalas largas y se queda muy pequeño en cuanto a instalaciones e infraestructura se refiere. En este caso se nos unió nuestro compañero de fila de asiento del avión (Max), que tenía una escala aún mayor que la nuestra y un hotel cogido pero que no dudó en venirse con nosotras a explorar la ciudad.

Pese a ser el país con mayor renta per cápita del mundo, en el que se aprecia claramente una riqueza debida al petróleo y la construcción, el trámite de visado no es gratuito (algo que, no obstante, sí ocurre en Dubai), sino que hay que pagar 21 € (julio 2013). Una vez fuera del aeropuerto nos dirigimos a la parada oficial de taxis (bastante baratos por cierto) donde le indicamos al conductor que nos llevase a ver el Museo de Arte Islámico. Cabe decir que nuestra llegada fue sobre las 19 horas y el recorrido que hicimos fue de noche completamente (hasta la medianoche aproximadamente), y os aseguro que se agradece puesto que el calor es sofocante incluso sin sol. Durante el día la población se resguarda en los centros comerciales, hoteles, coches o edificios en los que el aire acondicionado es su mejor aliado.

Llegamos, pues, al Museo de Arte Islámico, una visita inesperada (nos la sugirió nuestro nuevo compañero) pero muy gratificante por varios motivos: es gratuita (como todo el Doha, el dinero precisamente no les falta), tiene wi-fi gratis y una colección de arte islámico bastante variada e interesante. Os pongo unas imágenes:

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Tras la visita del museo decidimos contratar un taxi para que nos llevase a ver distintos sitios de la ciudad, el primero de los cuales fue el famoso Skyline de la ciudad, precioso con las luces nocturnas:

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Seguidamente nos fuimos a cenar al Souq Waqif, el bazar y lugar de reunión de los locales para comer, cenar o simplemente tomar algo. Aquí cenamos muy muy bien y bastante barato (es curioso pero la ciudad no es cara pese al nivel de vida tan alto en el que vive la mayoría de su población). Aquí estamos con Max disfrutando de este momento:

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Tras nuestra suculenta cena paseamos por el bazar en sí, que no tiene ningún desperdicio:

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Por último, nuestro conductor nos llevó a dar una vuelta por los edificios del Skyline y después al centro comercial Villagio, llamado así porque recrea, al estilo de los grandes hoteles de Las Vegas, un pueblo italiano con sus canales. Pero se queda en un intento si lo comparamos, y ésta es una visita totalmente prescindible.

Tras este centro comercial otro taxista acercó a Max a su hotel, donde nos despedimos de él, y a nosotras al aeropuerto para intentar dormir un poco antes de nuestro vuelo a primera hora a Bangkok (algo en lo que fracasamos por culpa de las butacas incomodísimas del aeropuerto así como del aire acondicionado, demasiado alto!).

Como observación final, me gustaría añadir que cada uno de los taxistas que cogimos era de una nacionalidad distinta: senegalés, pakistaní, etc. Como tuvimos que soportar atascos debido a las numerosas obras de la ciudad (que no para de expandirse), también pudimos conversar con ellos y todos nos decían lo mismo: están en Doha para hacer dinero y alimentar a sus familias, pero soportan rutinas exhaustivas sin descanso, con una calidad de vida penosa y se daban un máximo de 3-5 años para volver a sus países. Esto es algo que ya noté en Dubai: la población local más adinerada tiene un nivel de vida altísimo, con lujos y ostentaciones constantes de los que hacen gala abiertamente, basta con pasear por sus centros comerciales para observar los bolsos y joyas que llevan sus mujeres, así como el negocio de marcas de lujo. Otra posición importante en la sociedad la ocupan los trabajadores europeos o internacionales a los que se les da unas condiciones salariales envidiables pero que, pese a las cuales, muchos reconocen que querrían volver a su país siendo su presencia en Doha (o Dubai) puramente transitoria. En la base de esta jerarquía, y en clara contraposición, tenemos a la clase “obrera”, aquella que con su sudor y esfuerzo construye los mega complejos, rascacielos, autovías imposibles y proyectos varios que enriquecen al estado, que son originarios de países subdesarrollados en su mayoría y que no se sienten felices en esta ciudad que les explota a ojos vista y les maltrata laboralmente en lo que es para ellos una lucha diaria por la supervivencia.

Ya lo veis, dos caras de la moneda que notaréis si venís a este pequeño rincón que ocupa una península de apenas 60 km.

Categorías: Asia, Doha, Qatar | Etiquetas: | 1 comentario

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