La Gomera: un paraíso natural

¡Vaya acierto tuve al reservarme los dos últimos días de mi escapada canaria a La Gomera! Mucho había oído hablar de sus encantos, y muchos amigos me la habían recomendado, pero no es hasta que no lo compruebas con tus propios ojos que no acabas de creértelo. Pues bien, ha sido la guinda de un pastel, un destino al que no descarto volver sin lugar a dudas.

Para ir a La Gomera desde Tenerife hay que llegar a la playa de los Cristianos, al sur de la isla, desde donde parten los ferrys hasta San Sebastián de la Gomera. Gracias a la recomendación del dueño del hostal donde me alojé en Vallehermoso me enteré de que con el ticket de ferry se incluye un transfer desde Santa Cruz. Hay dos compañías que operan los trayectos hacia/desde La Gomera: Fred Olsen y Naviera Armas, y dependiendo del horario puede convenirte uno u otro. Yo viajé con el primero por un precio de 68 € el trayecto ida y vuelta con transfer de bus desde la estación de Santa Cruz, que parte a las 7.30 horas para llegar a la salida del barco de las 9, una hora fantástica que te permite aprovechar el día.

En menos de una hora el barco llega al puerto de San Sebastián de la Gomera, donde había reservado un coche de alquiler con la compañía Autopluscar. El auto que me dieron fue Toyota Yaris, que me fue fenomenal en los dos días que lo tuve, por 56 € en total. Si queréis tener libertad total en esta isla os recomiendo que optéis por el alquiler, hay muy pocas guaguas y la flexibilidad que te permite es total.

Como tenía dos días con sus dos noches, me lo tomé con tranquilidad, desayuné de nuevo en un bar cerca del puerto, me compré algo de comida para aprovechar el día  y, con plano en mano me dispuse a recorrer la parte oeste de la misma (carretera GM-2) hasta llegar a Vallehermoso, donde tenía mi pensión (Casa Amaya, a un precio de 25 € la noche, sin desayuno la habitación individual). Dejé de lado las prisas y me fui parando donde me apetecía. En el mapa sería la parte izquierda (incluyendo Valle Gran Rey):

A continuación os pongo los distintos miradores y puntos donde fui parando según me los iba encontrando por la carretera:

Mirador la Lomada del Camello (nada más salir de San Sebastián de La Gomera). Aquí ya me empecé a familiarizar con la figura del Teide de fondo, como un vigía que siempre está alerta:

Mirador de La Laja La Gomera (Degollada de Peraza)

Paque Nacional Garajonay: debe su nombre a una leyenda sobre dos amantes, y se trata del parque que abarca buena parte de la isla, formado por una tupida selva de distintas especies vegetales, entre la que se encuentra la laurisilva canaria. Es frecuente que se formen bancos de niebla tal y como pude comprobar los dos días que estuve. Los siguientes puntos (hasta llegar al Valle Gran Rey), están comprendidos en este parque nacional. 

Nada más entrar en el Garajonay te encuentras con el  Monumento Natural Los Roques:

Mirador de Tajaque:

Mirador del Cedro:

Ruta y mirador Alto de Garajonay: es el punto más alto de la isla, al que se puede subir por un sendero fácil que no lleva más de 1 hora ida y vuelta:

Siguiendo la carretera se llega a la Laguna Grande, un espacio recreativo con varios senderos, restaurantes y centro de información donde no me detuve mucho ya que no me pareció nada del otro mundo. Desde aquí me fui a los bosques de laurisilva de la Cañada de Jorge, donde hice una ruta de hora y media aproximadamente con este entorno:

Pasando ya Arure, cuando te diriges al Valle Gran Rey, merece la pena asomarse al Mirador de Alojera

Bajando por el Valle Gran Rey llegas al pueblo, a la playa de Valle Gran Rey, donde una estatua rinde homenaje a Hautacuperche, héroe que en 1488 se puso al frente de la “Rebelión de los Gomeros”:

Cuando volvía ya dirección a Vallehermoso paré en la ermita de San Antonio, desde la cual se aprecian buenas vistas del Valle Gran Rey:

Y ya por último para este primer día paré en un mirador desde donde, supuestamente se podía apreciar el Valle Gran Rey en todo su esplendor, pero la niebla me impidió hacerlo:

Una vez en Vallehermoso me dediqué a descansar y por la noche probé la riquísima gastronomía gomera con dos platos típicos: potaje de berros y almogrote (una especie de paté de queso, muy intenso!):

 

DÍA 2

En mi segundo día en La Gomera lo dediqué a recorrer la parte norte del mapa, es decir, el recorrido entre Vallehermoso (donde me alojé) al Reventón oscuro, donde quería hacer una ruta. La dinámica fue la misma que el día anterior: coche con bocata y flexibilidad, fui parando donde me apetecía y haciendo algunos senderos que me habían recomendado.

El comienzo del día fue la visita del centro de visitantes Juego de Bolas, desde donde me aconsejaron ir al Mirador de Abrante, un punto desde el cual se obtiene una de las mejores vistas para mí de la isla: Tenerife y su Teide al fondo, y a nivel de mar el pueblo de Agulo. Se trata de una construcción subvencionada por la empresa de ferry Fred Olsen, que ha montado un mirador al cual no pasé olímpicamente de entrar, ya que las vistas desde fuera me parecían suficientemente bonitas como para estropearlas con una vitrina, mirad a lo que me refiero:

Para qué entrar en ese habitáculo (haciendo cola además!) cuando tienes esta vista desde fuera justo al lado:

Estuve un buen rato admirando este paisaje y con cierto pesar me fui a mi siguiente destino: Agulo, un pueblo que merece la pena recorrer a pie por lo cuidado que está, con un casco histórico realmente bonito y porque tiene paneles informativos que te van adentrando en su historia y características:

Mi recorrido seguía en dirección a Hermigua, parando antes por el Mirador de la Punta:

Pero antes paré para probar otra delicia culinaria gomera: la arepa:

Tras reponer fuerzas, y comprarme el bocata para el almuerzo, seguí mis pasos hasta la Meseta de Hermigua, una ruta corta que te lleva hasta una cascada:

Continué hasta el Mirador de El Rejo:

Y por fin llegué al Reventón Oscuro: un punto de partida para varias rutas. Yo quise hacer la del bosque de Cedro, llegando a la ermita de Lourdes:

Y, por último, paré en el mirador El Bailadero cuando ya bajaba, pero de nuevo se me interpuso la niebla y no pude apreciar el paisaje que se escondía tras ella:

En conclusión, fueron dos días de desconexión, de naturaleza, de olvidarte de horarios y dejarte atrapar por un entorno envolvente. La flexibilidad y libertad del coche han contribuido a disfrutar más de esta isla, de la cual me llevo un muy buen sabor de boca y que no descarto volver a visitar en el futuro.

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