Zanzíbar low cost…¡es posible!

Antes de viajar a esta isla situada cerca de la costa tanzana, en el océano índico, poco era lo que sabía sobre ella y las imágenes o información que me venían a la cabeza siempre estaban asociadas a playas idílicas, paraíso de lunas de miel y exotismo puro.

Pues bien, parte de ello es verdad, así como también el hecho de que el turismo de masas ha llegado y, en parte, acaparado parte de las playas mediante resorts y hoteles de lujo que han restado bastante encanto a la denominada isla de las especias. A ello hay que sumarle el hecho de que es verdaderamente difícil recorrerla de manera económica, pero si escribo esta entrada es porque lo conseguimos, al menos en cuanto a alojamiento y transporte se refiero, y os explico cómo.

Para ser justos, lo primero que tengo que decir que tanto la llegada como salida de la isla puede hacerse mediante ferry, pero nosotros usamos avión por comodidad y porque no teníamos mucho tiempo para visitarla (apenas 3 días), pero es verdad que, si sumas lo que cuesta el barco + hotel en Dar Es Salaam (por horarios no te queda otra) no es tanta la diferencia de ahorro. De hecho, reservamos el vuelo Stonetown- Arusha tan solo dos días antes, tras convencernos el dueño del hostel donde nos alojábamos de que, cuentas en mano, nos salía más rentable un vuelo que un trayecto de 24 horas.

Así pues, nuestra llegada a la isla fue mediante un vuelo desde Mombasa con la aerolínea 540 Aviation, una low cost que opera en el este africano, que reservamos con algo de tiempo y nos costó 117 €, y nuestra salida por Stonetown hacia Arusha con Air Viva que compramos dos días antes por 77.5 €.

Para moverse por la isla pueden usarse los dalla dalla o buses colectivos (el equivalente a las matatu keniatas), que, con mil paradas y repletas de vida local, recorren la carretera principal de la isla. Para llegar desde Stonetown hasta la parte norte donde nos alojamos, Nungwi, tarda unas 2 horas y cuesta 3000 Tsch (schiling tanzano, no llega a 1.5 € el trayecto, y eso que nos cobraron un suplemento por mochila, que por mucho que insistimos no pudimos quitárnoslo). Su aspecto es éste:

Si elegís la zona de Nungwi para alojaros podeís buscar un alojamiento tipo hostel, nosotras no reservamos pero vimos por internet el Homeland Swahili Lodge, donde pagamos 15 $ por persona en dormitorio compartido y con desayuno incluido. Está algo alejado de la playa, el dueño está realmente loco (se hace llamar ‘crazy man’) pero es buen cocinero, te acerca al hostal si lo necesitas, te aconseja para que no pagues de más en excursiones y, algo que nos hizo ahorrar mucho, te deja gratis bicis para que puedas recorrer la isla.

El otro hospedaje que tuvimos fue en Stonetown, el Annex of Abdalla Guest House, una habitación doble con desayuno por 28 $ por persona. Fue un poco decepcionante por su escasa limpieza, pero tampoco lo miramos con tiempo (la noche anterior) y alojarse en la ciudad es realmente caro, así que si venís por aquí pensad en reservar con tiempo.

Una vez ahorrado en el alojamiento (hostel alejado de la línea de mar) y transporte (dalla dalla, bicis), el otro punto importante a tener en cuenta es el de restaurantes, y aquí sí que os puedo decir que las playas donde estuvimos, Nungwi y Kendwa (al lado de la primera) encontrareis en primera línea de playa comercios a precio europeo, con menús europeos, y llenos de turistas. Peeero, si os alejáis un poco, incluso preguntáis a algún local, podréis comer tan barato como 2-3 € pollo con patatas y agua (cerveza/refresco sube algo el precio). Y para que veáis que no os engaño os pongo una foto de este ‘menú’ así como el local:

Ahora bien, nosotras no hicimos ninguna excursión ya que teníamos pocos días y alguno amaneció nublado, pero es algo a tener en cuenta en vuestro presupuesto si vais a la isla.

Y, ¿qué es lo que visitamos realmente? Bueno como solo estuvimos 3 días reales (insuficiente para conocerla bien, pero no podíamos estar más) elegimos la playa de Nungwi para alojarnos, y de ahí nos movimos en bici hasta Kendwa, que está un poco más al sur y merece también la pena. Son playas bonitas, con aguas limpias, arena fina y cuyo agua tiene tantas tonalidades de azúl que cuesta apartar la mirada de ellas. Para una no amante de la playa como yo puedo asegurar que son realmente bonitas, de las mejores que he visto en mi vida, solo comparables a las que vimos en la costa keniata de Mombasa:

También la población local merece la atención:

Por no hablar lo divertido e interesante que fue pedalear entre playas, acompañadas de una amiga serbia que conocimos en el hostel:

Con unos colores de cielo al atardecer memorables, sólo empañados por una nube que a última hora se interponía en el horizonte y, sobre todo, por las hordas de turistas que de espontáneos pasan a maleducados, escandalosos e irrespetuosos que se piensan que están solos y no respetan a los demás (incluyo aquí a varios grupos de españoles con los que coincidimos y que, de verdad, daban vergüenza ajena verlos):

También pasamos una jornada en la capital de la isla, Stonetown, que merece mucho la pena de visitar no solo como contraste con las zonas de playa, sino como ciudad Patrimonio que aún tiene rincones bonitos que descubrir, así como un entramado de callejuelas repletas de tiendas turísticas. Su historia es igualmente interesante y gracias a ella encuentras vestigios de las culturas que la influenciaron. Nosotras deambulamos por sus principales puntos de interés: mercado Daranjani, la casa de Freddie Mercury (que sólo puede verse por fuera, la fachada), los jardines Forodhani, el fuerte cuyo interior tiene un anfiteatro, etc:

Y también pudimos disfrutar de un atardecer desde una azotea alta de un hotel, acompañadas por otros viajeros que conocimos:

Así pues, un destino exótico con playas exuberantes y con un desarrollo enorme del turismo, casi me atrevería a decir exagerado. En parte para mí fue un poco decepcionante porque, si bien pasé pocos días en la isla, percibí cómo la mayoría de los turistas que acuden provienen de viajes de safaris desde Kenia y Tanzania para descansar, lo que hace que la industria turística esté pensada para ese tipo de viajeros. La consecuencia es que cuesta encontrar sitios tranquilos y sin explotar, así como que no te traten como un ‘dolar andante’, y que hasta el hecho más nimio como es el de sentarte en la arena a ver el mar se convierta en un reclamo para vendedores, que no dejan de ser lugareños humildes que necesitan ganarse un pan; así como que los accesos a determinadas playas estén restringidos a los turistas que se hospedan en ciertos resorts, convirtiéndose el viajero independiente en un lastre. Para que os hagáis una idea nos llegaron a pedir 10 $ por bajar a la playa atravesando uno de estos hoteles (sin entrar dentro, solo la parte de jardín) cuando volvíamos de comer de un restaurante local y teníamos que recoger las bicis que dejamos en la playa, ¡no había otro sendero posible! Por supuesto, no pagamos…

Mi última mención es para los locales que trabajan en los grandes hoteles y resorts: me da pena ver cómo están sobreexplotados, trabajando miles de horas a cambio de un sueldo miserable que apenas les llega para subsistir. No deja de ser el servilismo y esclavitud del negro a disposición del blanco, puede parecer exagerado, pero yo lo percibí así. Si además le añadimos que es un destino de turismo sexual femenino en donde van europeas o blancas adineradas en busca de compañía masculina local no hace más que acrecentar esta sensación que tuve de pérdida de identidad de un pueblo a manos de la industria turística.

Por lo tanto, ¿ir a Zanzíbar? Sí, es bonita, pero con responsabilidad y cabeza, la mejor forma de conocerla es mezclándose con los locales, ¡os invito a ello!

 

 

Categorías: África, Tanzania | Etiquetas: , | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Zanzíbar low cost…¡es posible!

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